martes

LISBON STORY (o el hombre que limpiaba el cielo)


 

El lenguaje visual y auditivo, expresivo y contemplativo de Wim Wenders, las referencias tanto cinematográficas como literarias, hacen de esta película un claro homenaje al séptimo arte; retomando esa pasión de "hombre de la cámara" de Vertov, de ojos despiertos, de observador constante, de cazador de imágenes, captando la esencia del tiempo y el espacio, guardando los instantes.

La historia es sencilla: el ingeniero en sonido, Philip Winter, es requerido urgentemente vía postal por su amigo cineasta Friedrich Monroe (m.o.s. mit-out-sound s.o.s.), así es como Philip emprendé el viaje de Alemania hasta la capital Portuguesa. Me parecen interesantes las tomas en la carretera y la interacción del radio en distintos idiomas según la región que atraviesa. Las situaciones que vive en el transcurso son acentuadas por el uso del fade-in y fade-out. Ya en el desarrollo de la película, el uso de distintas cámaras, unas en movimiento y otras ocultas, manipuladas por la inocente visión infantil, dotan de dinamismo y expresividad a la película. Así como los "niños de la cámara" se obsesionan con grabar cuanto se atraviese ante sus miradas, Philip sale a la búsqueda de sonidos, a veces con micrófono en mano y siempre con un oído agudo que fue endulzado por una suave voz. La música de Madredeus para la película dentro de la película, genera una atmósfera en la cual Fredrich parece ser el sujeto tácito, un misterioso niño que vaga por las calles de Lisboa es la pista para encontrarlo.